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  NÚMERO 1 \ EXPERIENCIAS -- SECUNDARIA
 
 

“AQUÍ TE TRAIGO A ÉSTOS PARA QUE LEAN ALGO”

Alfonso Pomet Correa.
Coordinador del equipo de la biblioteca y profesor del I.E.S. Alagón. Coria (Cáceres)

 

 

Uno de los momentos complicados para una biblioteca escolar se presenta cuando escuchamos la frase que encabeza este artículo. Significa que, desde fuera, la biblioteca se considera terminada y que, por tanto, puede ser utilizada, sin más, por los alumnos. Sin embargo, desde dentro las cosas se ven con otra óptica. Los miembros del equipo de biblioteca del I.E.S. “Alagón” de Coria concebimos la biblioteca escolar como un proceso en continuo cambio y mejora. Esta herramienta –pues de una herramienta se trata- sólo es útil si está preparada y a punto. Algo parecido ocurre con los ordenadores que pueblan nuestras aulas: si no funcionan debidamente sirven poco más que para apoyar el libro sobre el monitor.

Muchas veces nos hemos encontrado con salas que contenían libros y que lucían a la entrada el nombre de “biblioteca”, pero que no eran tales, sino meros almacenes de libros desorganizados u ordenados con criterios arcanos. La frustración de los docentes y de los alumnos al intentar realizar allí alguna actividad era palmaria, de lo que muchos deducían que la biblioteca escolar no servía para demasiado o que debería ocupar un lugar muy secundario en el sistema de enseñanza.

LA BIBLIOTECA COMO PROCESO
El cambio y la mejora de la biblioteca escolar no son sucesos lineales, sino que se producen por la consecución de unos determinados objetivos que se van cumpliendo a lo largo del tiempo. Entre estos objetivos, algunos comienzan y acaban de una forma muy precisa. Esto sucede, por ejemplo, con la compra de estanterías, con la colocación de los rótulos y señalizaciones o con la instalación de un programa informático. Otros, sin embargo, acompañan el desarrollo de la biblioteca y se van sumando al trabajo del equipo, al igual que se sumaban personajes a la comitiva de don Quijote. Hemos comprobado que, a diferencia de lo que pensábamos en un principio, el trabajo en la biblioteca va creciendo a medida que la herramienta se especializa, por lo que resulta necesario incorporar manos y cabezas nuevas a la faena.

EL PROCESO DE CATALOGACIÓN Y CLASIFICACIÓN
Uno de los procesos más complejos y arduos es la catalogación y la clasificación de los documentos. A este quehacer nos hemos aplicado con afán los últimos años. En la biblioteca escolar el número de horas del que disponemos es muy escaso, por lo que sentimos que cada minuto que dediquemos a cualquier tarea debe tener un reflejo en los frutos que se consigan.

En el caso del fichado de los libros, a menudo nos hemos encontrado pensando cuál será el valor del trabajo que dedicamos a determinados documentos, cuando imaginamos que serán nuestros ojos los últimos que recorran sus páginas, nuestras manos las últimas que acaricien sus lomos antes de vayan a dormir el sueño de los justos, primero a la estantería y luego al depósito, eso sí, perfectamente catalogados y clasificados. El fichado de libros a veces nos recuerda el mito de Sísifo, empeñado en subir siempre la piedra a la cima de la montaña sin acabar nunca de conseguirlo. Aunque tenemos la conciencia de que el tiempo dedicado al fichado se hurta de otras actividades, sabemos que sin una buena catalogación y clasificación gran parte de la labor posterior será inútil o, al menos, se desaprovecharán recursos que ha costado mucho esfuerzo atraer.

¿DAR CLASE EN LA BIBLIOTECA?
Los profesores que pertenecen al equipo de biblioteca la utilizan de forma habitual, tienen integrada la herramienta en su sistema de trabajo y son capaces de encontrar la forma de que los alumnos saquen provecho del proceso. El problema está en extender el uso de la herramienta, en convencer al resto de los compañeros de su valor como instrumento de trabajo. No se trata tan solo de trasladar a los alumnos y utilizar un aula que nos permite una colocación flexible, que hace posible –de nuevo- la organización de actividades en pequeño grupo y en gran grupo, la formación de equipos de trabajo y el esfuerzo cooperativo, sino de utilizarla con unos objetivos precisos, para conseguir unos resultados previstos con antelación. Para ello creemos que es necesario un período de formación, tanto para los alumnos como para los profesores.

Creemos necesario diseñar una estrategia para enseñar a los alumnos el contenido de la biblioteca y la forma de acceder a los fondos. Nosotros hemos contado con la ayuda del Departamento de Lengua Castellana. Más de la mitad de sus componentes forman parte del equipo de biblioteca, por lo que no resulta muy complicado asumir en una reunión de Departamento la tarea de dar varias clases prácticas de iniciación a la biblioteca, de acuerdo con un modelo o un guión que desde el equipo de biblioteca ofrecemos a los profesores.

“AQUÍ TE TRAIGO A ÉSTOS PARA QUE LEAN ALGO”
Para animar al resto de los profesores, hemos pensado utilizar las horas de guardia. Estos períodos resultan muy poco gratificantes. Muchas veces nos encontramos perdidos con unos alumnos a los que no conocemos y con los que no sabemos muy bien qué hacer. Para estos casos, como una alternativa más, ofrecemos los servicios de la biblioteca. Algunos profesores, al comienzo del curso, cargados de buenas intenciones, pensaban que bastaba con llevar a los alumnos a la biblioteca para que ellos hicieran el resto y aprovechasen la hora. Pero comprobaban angustiados que llevar a los alumnos “a leer algo”, aportando como único recurso “la buena voluntad”, no funcionaba. La desilusión de los profesores de guardia al llegar con un grupo que les había correspondido circunstancialmente se dibujaba en su semblante cuando descubrían que la mayor parte de aquellos alumnos ni leía ni dejaba trabajar al resto y, además, alborotaban, descolocaban el mobiliario, maltrataban los fondos y eran mirados de forma fiera por el encargado de la biblioteca en aquel momento. Lo que podría haber sido una buena ocasión para atraer a un grupo de alumnos y a un profesor se transformaba en una actividad de ingrato recuerdo.

Creemos que la labor del profesor de guardia es, en sí, lo suficientemente incómoda como para exigir, encima, trabajo previo de preparación o de evaluación. Por ello, pensando en la biblioteca como un servicio, hemos querido ofrecer a los profesores la posibilidad de utilizar parte de los fondos como elemento motivador y como recurso para las horas de guardia. Para ello, hemos recogido en una estantería una serie de títulos a los que hemos denominado genéricamente “lecturas para las guardias” entre los que se recogen colecciones de relatos breves, antologías poéticas, libros de adivinanzas, juegos de lógica matemática, comics, libros ilustrados, colecciones de test, manuales de educación sexual y para la salud, colecciones de chistes, misceláneas, libros de habilidades y trucos, aficiones,... además del fondo de revistas. Tienen recomendaciones de edad y hemos contado con los alumnos para la selección del material. Se trata de hacer agradable la estancia en la biblioteca a estos alumnos que van a ella de forma circunstancial con actividades lúdicas y motivadoras, diferentes a otras, más “serias”, que realizan en los períodos de clases “normales”, cuando la biblioteca se convierte en una herramienta de profundización y de perfeccionamiento intelectual y personal.

 

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